Semblanza

Rolando Veraza ha consagrado largos años a hermanar su labor profesional con su vocación artística, dividida ésta a su vez en la esperanza del dibujo y la paciencia elaboración de dibujos y acuarelas de tema urbano y arquitectónico; su manejo del lápiz se aúna al dominio de la proporción y la gradación de la atmósfera logrando en cada una de sus realizaciones una muestra de habilidad y sensibilidad sobresalientes; por ello lo solicitamos sus amigos cuando requerimos ilustrar de manera veraz nuestros proyectos o plasmar nuestras ensoñaciones arquitectónicas. Me tocó en suerte contemplar su última exposición denominada “Acuarelas de San Ángel”, dentro de las celebraciones tradicionales de la Feria de la Flor en este encantador barrio de nuestra basta metrópoli; en la cual pude percatarme de las facultades que posee en el manejo del difícil arte de teñir el papel con agua de color hasta lograr alcanzar por su limpieza y transparencia, los valores precisos que requiere la interpretación del paisaje, la cotidianidad humana, la pasión por los caballos y la volumetría de los organismos arquitectónicos.

La acuarela ha sido tradicional instrumento de la representación del arquitecto; de ahí que muchos de ellos se hayan distinguido en el campo de la creatividad artística superando así su limitado destino de auxiliar en la elaboración de planos a escala; entre éstos conviene recordar a D. Carlos Ituarte, a D. Roberto Alvarez Espinoza, a D. Vicente Mendiola y al D. Charro Medina. Todos maestros de la Facultad de Arquitectura desde los tiempos en que se encontraba alojada en la inolvidable Academia de San Carlos. En múltiples ocasiones se ha presentado ante la crítica la obra pictórica o escultórica de ciertos arquitectos que han dedicado parte de su quehacer creativo a estas disciplinas tan afines a la suya, sobresaliendo entre ellos Imanol Ordorika, Teodoro González de León, Manuel Torragona, Salvador Pinocely, Alejandro Prieto, y Antonio Peiry.

Tócanos ahora el reflexionar acerca de la obra de Veraza, inscrita aún dentro de los límites que se ha impuesto a plasmar en limpias cartulinas algunos de nuestros más hermosos rincones urbanos, imponiendo en algunos de ellos los problemas lumínicos y colorísticos que trataron de resolver los pintores impresionistas. Su pincelada es amplia, suelta; sus aspectos técnicos lo han ido facultando para poder precisar el efecto óptico por medio de recursos tan originales como inesperados, hasta lograr en su conjunto el retrato fiel de la obra arquitectónica.

Dentro de la historia nuestra, nos inclinamos a recordar en este punto a los pintores viajeros que nos visitaron a partir de la independencia, logrando captar su magnitud y esplendor de nuestros paisajes, simultáneamente a la fisonomía de sus habitantes y el deslumbrante cuadro de sus originales costumbres, que en gran medida facultaron a los artistas nuestros a interpretar el mundo natural y humano que los rodeaba. Entre ellos sobresale Pedro Gualdi, creador del género del paisaje urbano y de la justa interpretación de nuestros monumentos; a partir de entonces, la sensibilidad romántica se apropia de la visión descubierta por Gualdi, magnificando su capacidad interpretativa en las obras de José María Velasco, sus discípulos y contemporáneos.

Ya en nuestro siglo, las tendencias de arte moderno abrieron el campo a nuevas formas de creatividad y de percepción visuales, alejando durante varios decenios al realismo de la expresión plástica; durante este periodo solo nos fue dado el contemplar búsquedas geométricas, composiciones abstractas o repeticiones cada vez más desgastadas del ideal estético impuesto por los grandes del muralismo. Pero de nueva cuenta durante los últimos tiempos las generaciones actuales vuelven a retomar el camino en descrédito durante tantos años. Rescatando y haciendo valer de nueva cuenta las técnicas tradicionales para incorporarlas a múltiples posibilidades que brindan los recursos contemporáneos a las artes visuales. Dentro de aquellos que pretenden seguir por el camino del realismo, se encuentra nuestro artista Veraza, preocupado por entablar en cada una de sus realizaciones, la eterna lucha por dominar la técnica y obtener a partir de ella sus atractivas posibilidades.

Deseamos que la trayectoria de Rolando Veraza en cuanto a arquitecto, maestro, escultor y pintor, prosiga un camino de superación constante en el difícil género de la interpretación de nuestros preclaros monumentos históricos, dentro del cual han dejado hermosas muestras los inolvidables maestros que le han precedido.


Luis Ortiz Macedo